Ratifican a Miguel Díaz-Canel como presidente de la República de Cuba

El socialismo, el partido único y la elección indirecta permanecen, pero algunas estructuras cambian: Cuba estrenó este jueves un sistema de poder repartido en varias manos, que releva a la generación de 1959.

Miguel Díaz-Canel, quien se desempeñaba desde 2018 como presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, fue elegido por la Asamblea Nacional (Parlamento) como presidente de la República, un cargo restituido por la nueva Constitución después de 43 años.

El resultado lo dice casi todo: 579 votos afirmativos de los 580 diputados presentes. Unos guarismos casi calcados de los conseguidos el año pasado, cuando Díaz-Canel obtuvo el apoyo de 607 de los 608 que acudieron a la sesión histórica del 19 de abril.

«Nos esperan días intensos y desafiantes, pero nadie va a quitarnos la confianza en el futuro que le debemos a nuestros hijos en la patria que los padres nos ganaron de pie», ha corroborado el personaje del día.

En la vicepresidencia lo acompaña Salvador Valdés (74), mientras que como jefe del Parlamento se ratifica a Esteban Lazo (75), quien además liderará el Consejo de Estado. Dos revolucionarios históricos que integraban el Consejo de Estado, los comandantes Ramiro Valdés (87) y Guillermo García (91), quedaron fuera de ese órgano.

Valdés mantendrá su permanencia en el selecto Buró Político del único y gobernante Partido Comunista de Cuba (PCC) hasta 2021. Homero Acosta, un jurista de 55 años, se mantiene como secretario del Consejo de Estado, y ahora lo será también de la Asamblea.

Fue quien dirigió la redacción de la nueva Constitución, con una relevante presencia pública. El Consejo de Estado, hasta ahora con 31 miembros incluyendo seis vicepresidentes, se redujo a 21, con cuatro integrantes nuevos.

No se trata ni mucho menos de un cambio o giro político, sino de la culminación de la nueva arquitectura del poder ideada por Raúl Castro, una vez que los años han puesto fin a los hiperliderazgos carismáticos de los dos hermanos. El empeño de Raúl es reestructurar los cargos políticos, entronizando a un presidente del Estado, un cargo limitado a dos legislaturas y a un presidente del Gobierno al frente del Consejo de Ministros. No se trata de una división de poderes, sino de su desconcentración y reparto.

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