Pérdida de la identidad profesional, uno de los fenómenos de los enfermeros inmigrantes

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Por: Isabel García

Enfermera

iscrigaro@hotmail.com

 

Recuerdo estar muchas veces sentada en algún salón de la “torre de enfermería” de la UN Bogotá, pensando en mi futuro mientras dictaban clases. Siempre consideré el cuidado como mi vocación; pero, al mismo tiempo, tenía este ímpetu de viajar y conocer otras formas de vida, otras culturas… Fue así como empezó a gestarse la idea de salir del país.

Allí, en la clase de inglés a la que asistía en las noches, alguien me dijo que había escuchado que en Canadá habían abierto una convocatoria para recibir enfermeros… y me dije: ¿por qué no? Esa pregunta me ha llevado a lugares que nunca imagine.

Acudí a una sesión informativa, donde un asesor me dijo que tenía una alta posibilidad de ser elegida por la provincia de Quebec, teniendo en cuenta aspectos como la edad, la profesión y los idiomas. Así que decidí empezar un proceso que tomó casi 2 años, donde el aprendizaje del francés y el ahorro fueron la prioridad.

Así fue como llegue a Montreal en enero de 2013, en medio del invierno más crudo que se había visto en los últimos 10 años, según las estadísticas; un frío que hace replantear, incluso, los más buscados objetivos. ¿Por dónde empezar? Miles de preguntas llegaron a mi cabeza, mi manejo del idioma era bastante básico y el solo hecho de buscar fuentes de información precisa era una tarea exhaustiva.

De esta manera, logré contactar a la Orden de Enfermeras y Enfermeros de Quebec (l’OIIQ), el ente que regula el acceso a la profesión de enfermería. Ellos reciben los documentos y diplomas de los inmigrantes, y los analizan para comparar los estándares de nuestra educación de origen con los de Quebec. 10 largos meses pasaron antes de que la Orden se pronunciara: me pedían hacer un programa de integración a la profesión de enfermería y un examen de conocimiento de la lengua francesa como requisitos para poder ejercer. Evidentemente, el primer reto era el francés: en Canadá el manejo del inglés se ve en todas partes, exceptuando la provincia de Quebec. Con este fin, el gobierno ofrece programas para los inmigrantes que deseen perfeccionar el idioma, muchos de ellos subvencionados. Cabe resaltar que dentro de estos programas, los colombianos se destacan como la segunda comunidad con mayor adherencia, después de los chinos (según le Ministère de l’Immigration, de la Diversité et de l’Inclusion de Quebec en 2015).

Para acceder al programa de integración a la profesión de enfermería, los candidatos deben presentar algunas pruebas (ya que los cupos son limitados), unas de manejo del francés y otras de conocimientos en cuidado de enfermería; de manera que nosotros los enfermeros colombianos no solo debemos demostrar lo que sabemos, sino, aparte, hacerlo en francés, compitiendo con candidatos haitianos, algerianos o marroquíes que son francófonos naturales.

Una vez superada esta etapa, el programa de integración se convierte en un reencuentro con la profesión después de meses (o incluso años para algunos) de estar lejos de un ambiente hospitalario. Lo describiría como una mezcla de emociones entre el profesional que uno era en su país (con bastantes años de experiencia en el caso de muchos que conocí) y la expectativa del profesional que Canadá espera.

Adaptarse al sistema de salud es otro reto. Es admirable ver que, a pesar de las falencias del sistema (por qué en Quebec se pagan los impuestos más altos de todo Canadá), los recursos se reinvierten en el pueblo: cualquier ciudadano, residente permanente o refugiado tiene acceso a la salud sin importar su estrato social o su “régimen de salud”. Así mismo, el acceso a los medicamentos es un poco más fácil (la figura de la tutela no es muy utilizada), aunque los antibióticos y los narcóticos están fuertemente regulados.

El ratio enfermero-paciente aún no es el ideal, dada la falta de personal de enfermería calificado; sin embargo, existen figuras que buscan atenuar esta ausencia, como el “préposé aux béneficiaires” (PAB), que sería como la fusión de un camillero con algunas funciones de auxiliar de enfermería en Colombia. La tecnología es también diferente aunque siempre me sorprendí de ver hospitales “primer mundistas” que aún no están sistematizados, donde se hacen las notas en papel, por ejemplo.

Nunca olvidaré el impacto que me generó ver a un paciente fumar en el jardín del hospital sosteniendo el atril mientras le perfundía un antibiótico intravenoso; de hecho, se le suministran los cigarrillos por horario, como si fueran un medicamento… pero es su derecho y aquí nadie puede juzgar al otro por sus prácticas. El aborto es legal a partir de los 13 años y no requiere la presencia de uno de los padres, la eutanasia ya se aplica legalmente en algunas provincias y, al ser un país laico, las creencias religiosas no pueden tener ninguna influencia en las decisiones profesionales, así que el enfermero inmigrante se ve enfrentado a dilemas éticos constantemente.

Después de 9 meses, finalicé el programa de integración con las prácticas, y allí se obtuve el status de CEPI (que traduce candidato al ejercicio de la profesión de enfermería). Para hacerlo más claro, es alguien que puede ejercer bajo la supervisión de un enfermero registrado, y que obtiene un salario más bajo. Obtener empleo como CEPI tomo tiempo y paciencia. Tal vez no se hable abiertamente aquí; pero el tema de la discriminación se percibe en el ambiente ligeramente. Me tomo casi 4 meses encontrar un empleo, sorpresivamente en un hospital anglófono.

Ejercer trae consigo un sentimiento de plenitud profesional, difícil de describir. Podría decirse que es como recobrar la identidad perdida. Existe un fenómeno muy marcado y es que cuando le preguntan a un inmigrante que aún está haciendo el proceso de equivalencias “¿usted qué hace?” contestamos “yo era enfermero”, “yo era ingeniero”, “yo solía trabajar como contador”… No, uno nunca deja de ser enfermero en realidad; pero, el sistema nos obliga a apartarnos de esa identidad porque sin ser miembro de la OIIQ, aquí no se puede ejercer. Muchos entenderán lo difícil que es perder su status profesional en Colombia como enfermero para venir a trabajar como mesero o haciendo aseo mientras aún se tiene la incertidumbre de si la Orden nos va a aceptar o no. A veces surge la pregunta del “yo qué hago aquí”, “para qué me vine”,…

El último peldaño es convertirse en miembro de la OIIQ. Para esto, es necesario que todos: la gente que estudio su carrera aquí y nosotros los inmigrantes, pasemos un examen de conocimientos con preguntas abiertas y algunas de opción múltiple, principalmente estudios de caso. La presión es grande: 1) por los costos tan altos que el proceso genera, y 2) porque la persona tiene 3 oportunidades para pasar su examen, de lo contrario debe recomenzar. Esa es la primera vez que uno se enfrenta a la competencia entre profesionales de enfermería, sin importar si son inmigrantes o locales.

Aproximadamente 3 meses demora el resultado: si es satisfactorio, la persona se convierte en enfermero registrado (RN) y pasa a inscribirse “au tableau”, que sería el equivalente a obtener la tarjeta profesional en nuestro país.

Es un largo camino lleno de aprendizaje y perseverancia, muy satisfactorio al final. Las condiciones de trabajo para un RN aquí no son las ideales. Es cierto que hace falta personal y que las jornadas pueden ser largas y extenuantes, pero al final del día se trata de mejorar nuestra calidad de vida, y por eso es que estamos aquí.

El fenómeno del “burnout” entre profesionales de la salud aún está muy presente, y es un tema en el que el ministerio continúa trabajando. Personalmente, trabajo en un CHSLD (centro hospitalario de cuidados de larga duración); principalmente, con pacientes que padecen enfermedades degenerativas incurables, alta comorbilidad, pérdida de autonomía y una parte destinada a la gerontología y cuidados paliativos. Existen contratos a tiempo completo, parcial y sobre llamada; en general, todos ellos ofrecen un nivel de estabilidad adecuado dada la falta de personal de enfermería. El índice enfermero-paciente en este tipo de institución puede llegar a ser de hasta 100 pacientes por 1 RN en el turno de la noche (con 1 auxiliar de enfermería y 3 PAB). Según Nathalie Petitclerc (TVA Nouvelles, 2016), directora de evaluación de la calidad de los centros hospitalarios de la Capitale- Nationale en Quebec, esto se debe a la cronicidad de los pacientes. Situaciones como esta despersonalizan, bastante, el cuidado y constituyen un obstáculo en la calidad del servicio que se puede ofrecer, un claro ejemplo de que cada país aún tiene retos por superar y medidas urgentes por implementar.

Regresando al tema de la inmigración, dejar a los seres que amamos no es fácil, más aun si a esto le sumamos la pérdida de identidad profesional que se sufre al comenzar. Barreras como el idioma, los procesos de adaptación a una nueva cultura, la inestabilidad emocional que genera el encontrarse en un ambiente desconocido e incluso las fuertes condiciones climáticas, son factores que influyen en todos los trabajadores calificados que llegan a otro país. Quisiera resaltar la resiliencia de muchos profesionales que continúan luchando y que, con el tiempo, se convirtieron en una inspiración para mí.

En vista de tanto ensayo y error durante el proceso de equivalencia, decidí crear un grupo en Facebook, con el fin de compartir experiencias, resolver dudas a partir de la información que alguien pueda tener o, simplemente, brindarnos apoyo. La iniciativa ha tenido bastante acogida, se llama ENFERMEROS COLOMBIANOS EN QUEBEC (en mayúscula para diferenciarlo de otros grupos), y para esta fecha ya contamos con más de 200 miembros, entre ellos personas que aún están en Colombia esperando para venir, o gente en Canadá que se encuentra en diferentes etapas del proceso. Extiendo la invitación para los que quieran hacer parte de esta comunidad.

Quisiera cerrar este escrito con una frase célebre de la escritora Isabel Allende, quien describe, en pocas palabras, el proceso por el que pasa un inmigrante:

Aprendí pronto que al emigrar se pierden las muletas que han servido de sostén hasta entonces, hay que comenzar desde cero, porque el pasado se borra de un plumazo y a nadie le importa de dónde uno viene o qué ha hecho antes. (1975, web)

Un proceso que transforma al ser humano en todas sus dimensiones, las herramientas están presentes, solo hay que encontrar el acceso a ellas y utilizarlas oportunamente.

 

Éste artículo fue publicado originalmente en la Revista Soy Egresado, del Programa de Egresados – Sede Bogotá – de la Universidad Nacional de Colombia, pero se publica en Canadá en las Américas bajo la autorización del Autor.

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