Chile vive horas cruciales

Las protestas en Chile se aprestan a cumplir su cuarta semana. Aunque comenzaron como un rechazo al alza del pasaje del Metro de Santiago, luego mutaron hacia un descontento más amplio frente al modelo económico y social del país. 

Debido a acciones violentas como la quema estaciones de Metro y saqueo a supermercados, el Presidente Cebastián Piñeras decretó estado de emergencia en varias regiones del país. Con el paso de los días levantó la medida. En paralelo anunció un paquete de reformas sociales y un cambio de gabinete.

El 10 de noviembre, el Ejecutivo llegó a un acuerdo con los partidos de su sector con el objetivo de avanzar hacia una nueva constitución.

  • El Presidente Piñera realizó una nueva cadena nacional durante la noche del martes para llamar a acuerdos por la paz, la justicia y una nueva Constitución. Además informó que llamarán a personal en retiro de Carabineros y la PDI en materia de seguridad pública.

 El Gobierno no ha logrado en estos 27 días controlar el orden público. El martes, en una jornada de paro nacional convocada por un centenar de sindicatos y fuerzas sociales, las concentraciones y marchas pacíficas fueron seguidas por altercados provocados por grupos violentos que nadie controla y que generaron el caos en varias ciudades y pueblos del país. De acuerdo con las cifras oficiales, hubo al menos mil detenidos, casi 400 heridos (46 civiles y 347 agentes de la policía y las fuerzas armadas), un centenar de saqueos a comercios, unos 200 cortes de vías de comunicación y al menos 30 incendios en todo el país. Fue quemada infraestructura pública y privada, sedes de partidos políticos, edificios de viviendas y universitarios y oficinas gubernamentales. Además, el Ejecutivo informó de que una persona fue atropellada en una carretera del norte del país, por lo que son ya 21 los fallecidos a causa de la crisis (cinco de ellos a manos de agentes).

La política chilena vive horas cruciales. Busca una salida institucional al conflicto, pero esta se ve todavía lejana y además no parece que pueda apaciguar la violencia de una protesta sin líderes y que enfrenta a las instituciones democráticas con una severa crisis de representatividad, incluidos todos los partidos. Mientras la oposición pide unida un plebiscito y la convocatoria a una Asamblea Constituyente —en la que participen diferentes actores de la sociedad civil además del Parlamento— para modificar la actual Constitución de 1980, el presidente, Sebastián Piñera, hizo en medio de una noche extremadamente difícil como la de este martes, un llamamiento a un acuerdo por la paz entre los partidos, organizaciones sociales y ciudadanos.

“Los acuerdos que Chile necesita no pueden avanzar con la violencia e igual como no toleramos ninguna violación a los derechos humanos, tampoco toleramos ninguna impunidad ante delitos que reflejan tanta maldad y que han causado tanto daño”, indicó Piñera, que anunció querellas “contra todas aquellas personas que han incitado, promovido, fomentado o participado en la comisión de los graves delitos» vividos en esta jornada. 

El presidente se encuentra en una encrucijada: atrapado entre la necesidad urgente de restablecer el orden público y las decenas de acusaciones de violaciones a los derechos humanos por parte de las Fuerzas Armadas, que han sido denunciados ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). En estos 27 días de protestas, unas 197 personas han sufrido daños oculares, especialmente por el disparo de escopetas de perdigones de los agentes.

La moneda chilena en caída

Caso omiso a las medidas de urgencia del banco central chileno. La moneda del país sudamericano, inmerso en la mayor crisis política y social de las últimas décadas, prosigue su fuerte caída frente al dólar ajeno a la inyección de 4.000 millones de dólares del instituto emisor. La moneda chilena llegó a cambiarse este jueves a 806 pesos por dólar, un nuevo récord histórico —el tercero consecutivo— tras dejarse un 1% en la jornada y un 12% en el último mes.

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