Canadá y el origen de sus habitantes

Canadá siempre ha sido un país de inmigrantes de acuerdo a la historia que hoy nos narra MeQuierioIr en su sitio web, una realidad que no se puede negar, “El País de los Inmigrantes”. Aquí la historia.

Aunque a partir de 1800 los ciudadanos canadienses nacieron en el territorio de Canadá, todos ellos, salvo la población aborigen, tenían un origen extranjero, europeo fundamentalmente.

Hoy, Canadá se considera una nación de inmigrantes porque en los últimos 200 años de su historia millones de extranjeros han llegado al país para formar parte del sistema de vida canadiense, otorgando diversidad y multiculturalismo a la población y reafirmando la idea de que la mayoría de los canadienses son descendientes de inmigrantes.

Actualmente, la población total de inmigrantes en Canadá se estima en 6 millones de personas, provenientes de distintos orígenes. Cada año, inmigrantes de más de 150 países deciden convertirse en ciudadanos canadienses.

De acuerdo con el censo de 2011, en Canadá se calculan más de 200 orígenes étnicos.

El 57,9% de la población canadiense tienen un origen étnico y el 42,1% restante posee múltiples orígenes étnicos.

Los pueblos aborígenes

Los primeros habitantes de Canadá eran los aborígenes. Se cree que provenían de Asia. Habrían emigrado hacia Norteamérica miles de años antes de que llegaran los primeros colonos europeos. Poseían una cultura rica y diversa y vivían en armonía con el medioambiente. Vivían de la caza, la tierra y la recolección. Hacían frecuentemente la guerra, pues competían por la tierra, los recursos y el poder.

La llegada de los primeros colonos europeos (soldados, misioneros, comerciantes) cambió para siempre la vida y la cultura de los pueblos indígenas. Muchos aborígenes murieron combatiendo por el dominio de sus tierras o simplemente por enfermedades europeas para las que no estaban preparados.

A pesar de los reveses, los aborígenes y los europeos terminaron por estrechar fuertes vínculos económicos y militares en los primeros 200 años de convivencia, lo que, en definitiva, sentó las bases de la nación canadiense.

Entre 1800 y 1980, el gobierno federal fomentó políticas de asimilación cultural de la población aborigen. Los niños fueron obligados a estudiar en escuelas públicas, donde debían aprender los valores y principios generales del modo de vida canadiense. La cultural y las lenguas aborígenes fueron minimizadas, al tiempo que se exaltaban los elementos culturales de la mayoría blanca canadiense. En 2008, el gobierno rectificó esta política y pidió disculpas públicas a la población indígena.

En la actualidad, los pueblos aborígenes son protegidos y su cultura es respetada y preservada con gran celo. Tienen derechos sobre las tierras donde viven, sobre sus recursos y se gobiernan dentro de leyes propias, pero integrados a la sociedad canadiense.

El término aborigen se refiere hoy a tres grupos distintos: los indios, llamados comúnmente las Primeras Naciones; los Inuits, que pueblan el Ártico, y cuyos conocimientos de la tierra, el mar y la vida silvestre los capacita para sobrevivir en uno de los entornos más hostiles del planeta; y los Métis, que son el resultado de la mezcla de los aborígenes y los primeros europeos -ingleses y franceses- que llegaron al país.

Los colonos europeos

Los primeros exploradores en llegar a Norteamérica provenían de Europa, en los siglos XV y XVI. En 1497, Jhonn Cabot, navegante italiano al servicio de la corona inglesa, exploró por primera vez la costa atlántica canadiense, pisó Terranova (Newfoundland) y reclamó el territorio para Inglaterra, aunque el asentamiento inglés no comenzó sino hasta 1610.

Posteriormente, Jacques Cartier realizó tres expediciones en nombre de la corona francesa. Exploró las tierras circundantes del río San Lorenzo, lo que hoy es el territorio de Quebec, y dio al lugar el nombre de Canada, vocablo que en el dialecto huron-iroquois quiere decir pueblo (“kanata”).

Sin embargo, fue hasta el siglo XVII cuando se estableció el área ahora conocida como Canadá. Los franceses y británicos arribaron en grandes cantidades. Trajeron consigo su idioma y cultura, sistema de gobierno y leyes. Canadá se creó el 1 de julio de 1867 cuando Ontario, Quebec, Nova Scotia y New Brunswick se unieron. Este acto es celebrado anualmente y es considerado el aniversario de la constitución de la nación.

Canadá reconoce a los aborígenes, a los franceses y a los ingleses como los tres pueblos fundadores de la nación.

Las oleadas migratorias de Canadá

En los siglos XVIII y XIX, muchos inmigrantes como esclavos entraron desde África. También, desde Estados Unidos, de donde huían para buscar refugio en Canadá, nación que abolió la esclavitud mucho antes que la estadounidense, en 1834. La denominada “línea férrea subterránea” o “Underground railroad” fue un sistema informal que ayudaba a los esclavos fugitivos de los Estados Unidos a pasar a Canadá. Se estima que, desde 1800 hasta 1861, unos 100 mil esclavos utilizaron este sistema.

La historia de las migraciones modernas de Canadá se inicia a comienzos del siglo XIX. Campañas publicitarias fueron utilizadas para atraer inmigrantes de Europa. Algunos se establecieron en ciudades, mientras que otros venían como mano de obra para fábricas, minas y actividades forestales. Algunos eran granjeros y convirtieron muchas de las praderas en campos de trigo. La primera Ley de Inmigración canadiense fue aprobada en 1869.

Un capítulo excepcional lo constituye el aporte japonés en la provincia de Alberta. A principios del siglo XIX, inmigrantes japoneses vienen a trabajar en las industrias de la minería, la construcción y la extracción del azúcar de la remolacha. Las leyes de inmigración la época les permiten traer a sus familias, así que el asentamiento se produce sin mayores complicaciones. Una comunidad japonesa se establece en el sur de la provincia, en la población de Raymond, crean una escuela, un templo budista y constituyen un colectivo bien organizado.

Durante la Segunda Guerra Mundial, 22.000 japoneses que residían en la provincia de Columbia Británica son retenidos como prisioneros en diversos campos de concentración canadienses. Algunos, son deportados a Alberta para que se sumen como trabajadores a la industria del cultivo de remolacha. La comunidad japonesa ya establecida en la región, que también es vigilada y restringida, los acoge y establece relaciones cordiales con los recién llegados.Después de la guerra, muchos deciden quedarse en Alberta.

La época de la postguerra es próspera para la industria de la agricultura. El cultivo de la papa proporciona a la comunidad una renta estable. Los niños reciben una educación esmerada y la comunidad abandona progresivamente las costumbres rurales para convertirse en un conglomerado urbano.

En 1970, la segunda y tercera generación de japoneses se traslada a las ciudades de la provincia. El dinamismo de la comunidad japonesa en Alberta continúa durante todo el siglo XX. La Iglesia Budista de Raymond es el corazón de la vida cultural y social. Hasto hoy, se mantiene activa, sin interrupción, desde la primera generación de japoneses canadienses a la tercera.

Entre 1820 y 1850 destaca la inmigración de los irlandeses que huían de la desastrosa situación económica en su país. Eran contratados como jornaleros en los muelles y para la realización de obras públicas. Su llegada permitió la construcción de canales, las primeras obras públicas importantes del siglo XIX. Como mano de obra, constituyeron un elemento explosivo en las filas de los empleados: no se sindicalizaban y mostraban una actitud rebelde contra la autoridad patronal. Su presencia también contribuyó a la clasificación de los trabajadores sobre la base de las habilidades y las etnias. Los trabajadores no calificados británicos ocupaban un nivel más alto en términos de ingresos y prestigio, y los irlandeses, un escalafón más bajo.

Otro importante aporte laboral asiático se describe en la historia canadiense en 1880, cuando el contratista Andrew Onderdonk reunió a miles de trabajadores de China para la construcción de la “Canadian Pacific Railway”, a través de las montañas de la provincia de Columbia Británica.

Se calcula que unos 15.000 obreros chinos se unieron a la construcción de la vía férrea. Realizaban los trabajos más pesados y arriesgados y ganaban la mitad del salario de un trabajador blanco. Cientos de ellos murieron en accidentes laborales o por enfermedades producidas por las condiciones de vida extremas.

Tras varios años de trabajo intenso, los chinos habían finalizado la tarea, pero no tenían dinero suficiente para regresar a China, así que emprendieron la vía de establecerse en Canadá.

En 1885, el gobierno federal decretó la “Ley de inmigración china” que exigía un impuesto de 50 dólares a los inmigrantes chinos, como una medida para impedir su establecimiento en el país. Ningún grupo étnico en la época era pechado de ese modo. Los chinos que lograron establecerse en Canadá sentaron las bases de la hoy nutrida y pujante comunidad asiática en la provincia de Columbia Británica.

Entre 1890 y 1920, más de dos millones de personas que huían de la crisis económica y social en Europa llegan a Canadá para instalarse en el oeste del país y en las grandes urbes de Toronto y Montreal. Se trata de trabajadores que vienen a contribuir al desarrollo industrial del país. Constituyen un grupo heterogéneo. Son británicos, polacos, italianos, ucranianos, eslavos, húngaros, finlandeses y muchos otros.

Los inmigrantes ucranianos, menonitas, Doukhobors (rusos) y húngaros se instalan en el oeste de Canadá, recién colonizado, y contribuyen a levantar la cultura de las llamadas Praderas. Personajes como Cyril Genik y Josef Olesków, que facilitaron la migración de los ucranianos, y William Hespeler, quien dirigió la migración de unos 7.000 menonitas en las islas del oeste canadiense, son reconocidos como líderes históricos que ayudaron a estas comunidades étnicas y religiosas a adaptarse a la vida en Canadá.

En los centros urbanos, la diversidad de orígenes de esta oleada migratoria complica la unificación del trabajo. La lengua, las tradiciones culturales e, incluso, el modo de organización laboral de cada grupo étnico crea importantes desequilibrios en la relación con los patronos. Los finlandeses, por ejemplo, tienen una fuerte tradición de socialismo obrero que complejiza el ambiente sindical. A pesar de estas divisiones, mineros y otros trabajadores urbanos logran encontrar los puntos en común y desarrollan un fuerte sentido de la solidaridad laboral y de la militancia sindical.

Durante la Segunda Guerra Mundial fue muy restringida la entrada de refugiados de países de Europa del Este, por su cercanía al eje comunista-soviético. Fue sólo después de 1945 cuando se permitió el ingreso de muchos inmigrantes de Europa que huían como consecuencia de las guerras, conocidos como “Displaced peoples” o desplazados. Entre estos grupos hay numerosos contingentes de italianos y otros habitantes del sur de Europa. Esta experiencia sirvió de alerta para reflexionar y tomar medidas que protegieran a los refugiados y sus familias.

En 1951 el gobierno de Canadá firmó la Convención sobre Refugiados promovida por la Organización de las Naciones Unidas. A partir de entonces, continuó apoyando esos principios y los afianzó con la promulgación de su “Ley de Inmigración y Protección del Refugiado”. Actualmente, se reconoce a Canadá como un actor fundamental en la recepción de refugiados y asilados y una opción recomendable en casos de persecución, injusticias o desastres naturales.

A partir de 1967, con la eliminación de las restricciones de inmigración basada en el origen étnico y la nacionalidad, los inmigrantes comenzaron a llegar de muchas otras partes del mundo, incluyendo el Caribe, India, Pakistán, China y otras partes de Asia y África. Muchas de estas personas se unen a las filas de la clase obrera canadiense, la cual se estima entre las más diversas étnicamente del mundo.

En los años 70 se inició una importante inmigración de los países asiáticos, chinos y japoneses principalmente, que se ha mantenido hasta la fecha. Muchos de estos ciudadanos se han establecido en Columbia Británica (British Columbia) y otras partes del Oeste del país.

La actual política migratoria canadiense

La historia de la inmigración en Canadá es la narración del asentamiento consecutivo de numerosos grupos etno-culturales y minorías religiosas que se adaptaron a la sociedad canadiense al tiempo que desarrollaban sus propias comunidades.

En Canadá, los grupos de inmigrantes han construido dinámicas comunidades rurales y urbanas, ha creado una amplia gama de instituciones culturales, sociedades de ayuda mutua, periódicos y otros medios de comunicación, empresas y lugares de culto. Gracias a estos aportes, sus respetivas lenguas, religiones y tradiciones se perpetúan, desarrollando un sentido de comunidad y de identidad compartida en sus nuevos ambientes.

Hoy, Canadá es el hogar de inmigrantes de todas partes del mundo. Los grupos étnicos que mayoritariamente integran la población canadiense actual provienen de Inglaterra, Francia, Escocia, Irlanda, Alemania, Italia, Ucrania, Holanda y Escandinavia. Destacan también los inmigrantes asiáticos (chinos, vietnamitas, filipinos), y los provenientes de países africanos francófonos, árabes de distintas naciones y latinoamericanos, que han venido a poblar el ya diverso tejido sociocultural del país.

Aunque Canadá practica una amplia apertura, las políticas actuales de recepción de extranjeros están basadas en una inmigración selectiva, bajos condiciones legales muy estrictas, que favorecen principalmente a profesionales altamente calificados y a sus familiares, y a los refugiados y asilados.

Desde 2006, el gobierno de Canadá ha mantenido la tasa más alta de inmigración en la historia del país. Cerca de 250.000 inmigrantes se establecen anualmente en Canadá.

En 2012, el número de inmigrantes que ingresaron al país se distribuyó de la siguiente manera: el 62% de los inmigrantes fueron beneficiarios del programa de inmigración calificada, incluyendo a sus familias; el 26% en el programa de reagrupación familiar; y el 13% en la categoría de los refugiados y asilados por razones humanitarias.

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